En un nuevo capítulo de la estrategia oficialista para garantizar el éxito de las sesiones extraordinarias, el ministro del Interior, Diego Santilli, se reunió ayer en Salta con el gobernador Gustavo Sáenz. El encuentro, desarrollado en la Casa de Gobierno provincial, significó un fuerte espaldarazo para el Poder Ejecutivo nacional: Sáenz se mostró alineado con el proyecto de reforma laboral que impulsa el presidente Javier Milei, consolidando un respaldo clave en un momento de definiciones legislativas.
Durante la reunión, ambos dirigentes valoraron positivamente la articulación entre la Nación y la provincia, coincidiendo en la urgencia de avanzar con la normativa. Sáenz, quien ha mantenido un vínculo fluctuante con el Ejecutivo, sugirió incluso un cambio de narrativa al recomendar el término “modernización” en lugar de “reforma”, argumentando que la sociedad recibe mejor ese concepto. “No hay que tenerle miedo al cambio ni a avanzar. Son leyes viejas que hay que ir cambiando”, afirmó el salteño en conferencia de prensa.
El compromiso de Sáenz no es menor a la hora del poroteo parlamentaria, ya que el gobernador cuenta con una influencia directa sobre tres bancas en la Cámara de Diputados y la representación de la senadora Flavia Royón en la Cámara alta. Ante este panorama, Santilli insistió en que la medida es una herramienta indispensable para generar empleo privado y aumentar la productividad, asegurando que ningún mandatario debería oponerse a una ley que promueva atraer inversiones tanto para las provincias como para el país.
Este acercamiento forma parte de una gira federal de Santilli, quien ya ha visitado a gobernadores en Chubut, Chaco, Mendoza y San Juan, y tiene previsto reunirse esta semana con Rolando Figueroa en Neuquén y Rogelio Frigerio en Entre Ríos. La misión del ministro es aplacar los resquemores provinciales y construir los puentes necesarios para que el oficialismo logre las mayorías en el Congreso, en medio de un clima de extrema tensión por los recursos coparticipables.
El punto de fricción más complejo sigue siendo el apartado tributario de la reforma, específicamente la reducción en la recaudación del Impuesto a las Ganancias que afectaría las arcas provinciales. Mientras los gobernadores expresan su preocupación por el desfinanciamiento, Santilli y la mesa política de Balcarce 50 intentan convencerlos de que la pérdida inicial será compensada por el crecimiento económico. “Lo que pierden por recaudación, lo ganarán por generación de empleo”, sostienen desde el entorno presidencial. Pese a estas advertencias fiscales, Sáenz reiteró su “voluntad de diálogo, de no obstruir y de acompañar”, posicionándose como un aliado estratégico frente al debate que comenzará formalmente el 2 de febrero. Con este apoyo, el Gobierno nacional logra perforar el bloque de gobernadores dialoguistas, sumando una pieza fundamental para inclinar la balanza en el Senado y asegurar que la modernización laboral se convierta finalmente en ley.





