En la antesala de un año electoral clave, el mandatario salteño ensayó un equilibrio pragmático: ofreció gobernabilidad y gestión conjunta, pero marcó una frontera clara en la defensa de los recursos provinciales.
En una apertura de sesiones ordinarias que comenzaron bajo un tono monótono, el gobernador Gustavo Sáenz rompió la inercia legislativa con un discurso cargado de señales políticas dirigidas a la Casa Rosada. En la antesala de un año electoral clave, el mandatario salteño ensayó un equilibrio pragmático: ofreció gobernabilidad y gestión conjunta a los referentes locales de La Libertad Avanza (LLA), pero marcó una frontera clara en la defensa de los recursos provinciales. “Acompañenme o yo los acompaño a ustedes”, disparó, dejando la puerta abierta a una construcción compartida si el beneficio son las obras públicas para Salta.
La apelación de Sáenz a la “virtud del justo medio” de Aristóteles no fue casual. El gobernador buscó posicionarse por encima de la polarización extrema que domina la escena nacional, criticando la “Argentina del odio” y las “posturas intransigentes”. Bajo esta premisa, ratificó la identidad de su frente provincial como un espacio de puertas abiertas donde tienen lugar desde peronistas y radicales hasta “libertarios o libertarios arrepentidos”. Esta narrativa le permite flexibilizar sus alianzas de cara al próximo año, presentándose como la garantía de un consenso que el país no logra encontrar.
Sin embargo, el tono conciliador convivió con una advertencia directa hacia el Ejecutivo nacional y sus aliados: “No nos van a llevar a las patadas”. Sáenz se enfatizó en que su acompañamiento a las políticas de Javier Milei tiene como límite infranqueable las necesidades de los salteños. En un reclamo de coherencia, fustigó a quienes defienden medidas en Buenos Aires que critican en la provincia, exigiendo a los representantes legislativos que “dejen las luces de los canales porteños” y prioricen la gestión de fondos y créditos para el territorio local.
Uno de los momentos más tensos y, a la vez, reveladores de la relación personal con el Presidente fue la mención a su reclamo por las obras públicas. Sáenz relató, con un matiz de ironía y reclamo federal, su conversación con Milei sobre la disparidad de realidades: “Es injusto que un gobernador vaya con un poncho a pelear por obras y se muera de frío frente a la Casa Rosada, mientras usted canta en el Movistar Arena”. No obstante, lejos de la ruptura, propuso “mostrar federalismo real” apareciendo junto al mandatario nacional en el mismo escenario, asegurando que no tiene prejuicios en acompañar a nadie si el objetivo es el bienestar provincial.
El cierre del discurso fue, quizás, el gesto simbólico más potente de la jornada. Al exclamar un eufórico “¡Viva Salta, carajo!”, Sáenz no solo emuló la icónica arenga de Javier Milei, sino que se apropió del estilo disruptivo del libertario para revestir su propio regionalismo. Este mimetismo retórico sugiere que el gobernador no teme disputar el mismo electorado ni adoptar las formas de la nueva política si eso le permite mantener la centralidad en el mapa político que se reconfigurará en 2027.
En definitiva, las palabras de Sáenz dibujaron un escenario de pragmatismo puro y provocaron sorpresa en la mayoría de sus seguidores que se encontraban en el recinto del Palacio Legislativo. “Quedamos en una posición incómoda porque no conocemos el plan y no sabemos cómo actuar ante la oposición provincial”, reveló una figura del Senado provincial.





